Por amor Tuyo, exiliándote en la tierra,
Divino Jesús, Te inmolaste por mí.
Amado mío, recibe toda mi vida;
Quiero sufrir, quiero morir por Ti.
Señor, Tú mismo nos lo dijiste:
«No se puede hacer nada más
«Que morir por aquellos a quienes se ama».
Y mi amor supremo
¡Eres Tú, Jesús!
Se hace tarde, ya declina el día:
Quédate conmigo, celestial Peregrino.
Con Tu cruz subo la colina;
¡Ven a guiarme, Señor, por el camino!
Tu voz encuentra eco en mi alma:
Quiero parecerme a Ti, Señor.
El sufrimiento, lo reclamo…
Tu palabra de fuego
¡Quema mi corazón!
Antes de entrar en la gloria eterna,
«Fue necesario que el Hombre-Dios sufriera».
Con Su cruz obtuvo la victoria;
Oh dulce Salvador, ¿no nos lo dijiste?
Por mí, en la orilla extranjera,
¡Qué desprecios no recibiste!…
Quiero esconderme en la tierra,
Ser siempre la última,
Por Ti, Jesús.
Amado mío, Tu ejemplo me invita
A humillarme, a despreciar el honor:
Para conquistarte, quiero seguir siendo pequeña;
Olvidándome de mí, cautivaré Tu Corazón.
Mi paz está en la soledad,
No pido nada más.
Agradarte es mi único empeño,
Y mi bienaventuranza
¡Eres Tú, Jesús!
Tú, el gran Dios que el universo adora,
Vives en mí, prisionero noche y día;
Tu dulce voz a toda hora me implora,
Me repites: «¡Tengo sed! ¡Tengo sed de amor!…»
También yo soy Tu prisionera,
Y quiero repetir a mi vez
Tu tierna y divina oración,
Amado mío, Hermano mío:
¡Tengo sed de amor!
¡Tengo sed de amor! Colma mi esperanza:
Aumenta en mí, Señor, Tu divino fuego.
¡Tengo sed de amor! Muy grande es mi sufrimiento.
¡Ah! ¡Quisiera volar hacia Ti, Dios mío!
Tu amor es mi único martirio;
Cuanto más lo siento arder en mí,
Más te desea mi alma.
Jesús, haz que expire
¡De amor por Ti!
Divino Jesús, Te inmolaste por mí.
Amado mío, recibe toda mi vida;
Quiero sufrir, quiero morir por Ti.
Señor, Tú mismo nos lo dijiste:
«No se puede hacer nada más
«Que morir por aquellos a quienes se ama».
Y mi amor supremo
¡Eres Tú, Jesús!
Se hace tarde, ya declina el día:
Quédate conmigo, celestial Peregrino.
Con Tu cruz subo la colina;
¡Ven a guiarme, Señor, por el camino!
Tu voz encuentra eco en mi alma:
Quiero parecerme a Ti, Señor.
El sufrimiento, lo reclamo…
Tu palabra de fuego
¡Quema mi corazón!
Antes de entrar en la gloria eterna,
«Fue necesario que el Hombre-Dios sufriera».
Con Su cruz obtuvo la victoria;
Oh dulce Salvador, ¿no nos lo dijiste?
Por mí, en la orilla extranjera,
¡Qué desprecios no recibiste!…
Quiero esconderme en la tierra,
Ser siempre la última,
Por Ti, Jesús.
Amado mío, Tu ejemplo me invita
A humillarme, a despreciar el honor:
Para conquistarte, quiero seguir siendo pequeña;
Olvidándome de mí, cautivaré Tu Corazón.
Mi paz está en la soledad,
No pido nada más.
Agradarte es mi único empeño,
Y mi bienaventuranza
¡Eres Tú, Jesús!
Tú, el gran Dios que el universo adora,
Vives en mí, prisionero noche y día;
Tu dulce voz a toda hora me implora,
Me repites: «¡Tengo sed! ¡Tengo sed de amor!…»
También yo soy Tu prisionera,
Y quiero repetir a mi vez
Tu tierna y divina oración,
Amado mío, Hermano mío:
¡Tengo sed de amor!
¡Tengo sed de amor! Colma mi esperanza:
Aumenta en mí, Señor, Tu divino fuego.
¡Tengo sed de amor! Muy grande es mi sufrimiento.
¡Ah! ¡Quisiera volar hacia Ti, Dios mío!
Tu amor es mi único martirio;
Cuanto más lo siento arder en mí,
Más te desea mi alma.
Jesús, haz que expire
¡De amor por Ti!