Catolicismo

Marcos, capítulo 8

1. Por aquellos dias habiéndose juntado otra vez un gran concurso de gentes al rededor de Jesus, y no teniendo que comer, convocados sus discípulos, les dijo:
10. E inmediatamente, embarcándose con sus discípulos, pasó al territorio de Dalmanutha,
13. Y dejándolos, se embarcó otra vez, pasando á la ribera opuesta.
14. Habíanse olvidado los discípulos de hacer provision de pan, ni tenian mas que un solo pan consigo en la barca.
22. Llegaron a Betsaida, y le llevaron un ciego, rogándole que lo tocara. 23. Tomando de la mano al ciego, Jesús lo condujo fuera de la aldea, le puso saliva en los ojos y, después de imponerle las manos, le preguntó si veía algo. 24. El ciego alzó la vista y dijo: «Veo a los hombres que caminan, como árboles». 25. Jesús volvió a ponerle las manos sobre los ojos, y le hizo mirar. Entonces quedó tan bien curado que veía todas las cosas con claridad. 26. Entonces Jesús lo envió a su casa, diciéndole: «Ve a tu casa, sin entrar en la aldea ni hablar de esto a nadie de la aldea».
27. De allí, Jesús se dirigió con Sus discípulos a las aldeas de los alrededores de Cesarea de Filipo, y en el camino les hizo esta pregunta: «¿Quién dice la gente que soy Yo?» 28. Ellos le respondieron: «Juan el Bautista; otros, Elías; otros, uno de los profetas». —
29. Díceles entónces: ¿Y vosotros quién decis que soy yo? Pedro respondiendo por todos, le dice: Tú eres el Christo ó Mesías.
30. Y les prohibió rigorosamente el decir esto de Él á ninguno, hasta que fuese la ocasion de publicarlo.
31. Y comenzó á declararles cómo convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y fuese desechado por los Ancianos, y por los príncipes de los sacerdotes, y por los Escribas, y que fuese muerto; y que recsucitase á los tres dias.
34. Luego, llamando a la multitud junto con Sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 35. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por causa de Mí y del Evangelio, la salvará. 36. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? 37. Pues ¿qué dará el hombre a cambio de su alma? 38. Quien se avergüence de Mí y de Mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de Su Padre con los ángeles santos». 39. Y añadió: «En verdad les digo que algunos de los que están aquí no probarán la muerte antes de haber visto venir con poder el reino de Dios».

Fuente La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat (1836), es.wikisource.org · Índice