Catolicismo

Mateo, capítulo 14

1. En esta sazon ciertos Escribas y Fariseos que habian llegado de Jerusalem, le dijeron:
2. ¿Por qué motivo Tus discípulos traspasan la tradi- cion de los antiguos, no lavándose las manos cuando comen?
4. Honra al padre, y á la madre; y tambien quien maldijere á padre, o á madre, sea condenado á muerte.
5. Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre, ó á la madre: La ofrenda que yo por mi parte ofreciere, redundará en bien tuyo;
6. ya no tiene obligacion de honrar ó asistir á su padre, ó á su madre: con lo que habeis echado por tierra el mandamiento de Dios por vuestra tradicion.
7. ¡Hipócritas! con razon profetizó de vosotros Isaías, diciendo :
8. Este pueblo me honra con los labios; pero Su corazon lejos está de mí.
9. En vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres .
10. Y habiendo llamado á sí al pueblo, les dijo. Escuchadme, y atended bien á esto.
12. Entonces arrimándose mas sus discípulos, le dijeron: ¿No sabes que los Fariseos se han escandalizado de esto que acaban de oir?
13. Mas Jesus respondió: Toda planta que mi Padre celestial no ha plantado, arrancada será de raiz.
14. Dejadlos: ellos son unos ciegos que guian á otros ciegos; y si un ciego se mete á guiar á otro, entrambos caen en la hoya.
15. Aquí Pedro tomando la palabra le dijo: Explícanos esa parábola.
16. A que Jesus respondió: ¡Cómo! ¿tambien vosotros estais aun con tan poco conocimiento?
17. ¿Pues no conoceis que todo cuanto entra en la boca, pasa de alli al vientre, y se echa en lugares secretos?
18. Mas lo que sale de la boca, del corazon sale; y eso es lo que mancha al hombre:
19. porque del corazon es de donde salen los malos pensamientos, los homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias:
20. estas cosas sí que manchan al hombre. Mas el comer sin lavarse las manos, eso no le mancha.
— 21 Partido de aquí Jesus, retiróse ácia el pais de Tyro y de Sidon.
22. Cuando he aquí que una muger chânanea venida de aquel territorio empezó á dar voces, diciendo: Señor, hijo de David, ten lástima de mí: mi hija es cruelmente atormentada del demonio .
23. Jesus no le respondió palabra. Y sus discípulos acercándose intercedian diciéndole: ConcédeLe lo que pide á fin de que se vaya: porque viene gritando tras nosotros.
24. A lo que Jesus respondiendo dijo: Yo no soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israél.
25. No obstante ella se llegó y le adoró, diciendo: Señor, socórreme:
26. El cual le dió por respuesta: No es justo tomar el pan de los hijos, y echarle á los perros .
27. Mas ella dijo: Es verdad, Señor; pero los perritos comen á lo ménos de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28. Entonces Jesus respondiendo, le dice: ¡Oh muger! grande es tu fé: hágase conforme tú lo deseas. Y en la hora misma su hija quedó curada.
— 29 De allí pasó Jesus á la ribera del mar de Galilea; y subiendo á un monte, sentóse en él.
31. por manera que las gentes estaban asombradas, viendo hablar á los mudos, andar á los cojos, y ver á los ciegos; y glorificaban al Dios de Israél.
32. Mas Jesus, convocados sus discípulos, dijo: Me causan compasion estos pueblos, porque tres dias hace ya que perseveran en mi compañía, y no tienen que comer; y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.
33. Pero sus discípulos le respondieron: ¿Cómo podrémos hallar en este lugar desierto bastantes panes para saciar á tanta gente?
34. Jesus les dijo: ¿Cuántos panes teneis? Respondieron: Siete, con algunos pececillos.
35. Entonces mandó a la gente que se sentase en tierra.
36. Y él cogiendo los siete panes, y los peces, dadas las gracias, ó hecha oracion, los partió y dió á sus discípulos, y los discípulos los repartieron al pueblo.

Fuente La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat (1836), es.wikisource.org · Índice