Tamaño del texto
Extracto
Aspire, pues, a Dios muy a menudo, Filotea, con breves pero ardientes impulsos de su corazón: admire Su belleza; invoque Su ayuda; arrójese en espíritu a los pies de la cruz; adore Su misericordia; pregúntele a menudo acerca de su salvación; entréguele mil veces al día su alma; fije en Él sus ojos para que la penetre Su dulzura; tienda hacia Él la mano, como un niño pequeño a su padre, para que Él la guíe; póngalo sobre su pecho como un ramo delicioso; plántelo en su alma como un estandarte sagrado; en fin, dé a su corazón mil impulsos para animarlo al amor de Dios y a los dulces coloquios con este Esposo celestial.
Fuente Introducción a la vida devota, capítulo xiii (37), §1 · 📖 Leer el pasaje completo
✨ Para meditar hoy
Según san Francisco de Sales, podemos volvernos hacia Dios decenas de veces al día mediante breves impulsos del corazón, que él llama «oraciones jaculatorias»: admirar Su belleza, pedir Su ayuda, tenderle la mano como un niño a su padre. Hoy, elige una frase breve («Dios mío, Te amo», «Ayúdame», «Gracias») y repítela cada vez que cambies de actividad.
Recibir cada día una lección de esta enseñanza por correo o Telegram
Me inscribo gratis →