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Extracto
Te bendigo, Padre celestial, Padre de Jesucristo, mi Señor, porque Te has dignado acordarte de mí, pobre criatura. ¡Oh Padre de misericordia y Dios de toda consolación!, Te doy gracias porque, aunque soy tan indigno de ello, quieres, sin embargo, consolarme algunas veces. Te bendigo por siempre y Te glorifico con Tu Hijo único y el Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Fuente Imitación de Jesucristo, libro 3, capítulo 5, §1 · 📖 Leer el pasaje completo
✨ Para meditar hoy
Según la Imitación de Cristo, el discípulo agradece al Padre que se acuerde de él y lo consuele a veces, no porque lo merezca, sino por pura misericordia. Esta noche, recuerda un consuelo recibido hoy (una palabra, una ayuda, un momento de paz) y di sencillamente: «Gracias, Padre, por acordarte de mí».
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