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Extracto
No es porque haya sido preservada del pecado mortal por lo que me elevo a Dios con confianza y amor. ¡Ah, lo siento, aunque tuviera en la conciencia todos los crímenes que se pueden cometer, no perdería nada de mi confianza; iría, con el corazón destrozado de arrepentimiento, a arrojarme en los brazos de mi Salvador. Sé que Él ama al hijo pródigo, he oído Sus palabras a santa Magdalena, a la mujer adúltera, a la Samaritana. No, nadie podría asustarme, pues sé a qué atenerme respecto de Su amor y Su misericordia. Sé que toda esa multitud de ofensas se hundiría en un abrir y cerrar de ojos, como una gota de agua arrojada en un brasero ardiente.
Fuente Historia de un alma, parte 1, capítulo 11, §9 · 📖 Leer el pasaje completo
✨ Para meditar hoy
Según santa Teresa de Lisieux, la confianza en Dios no descansa en nuestros méritos sino en Su amor: aun cargada con todas las faltas posibles, iría a arrojarse en los brazos del Salvador, porque ante Su misericordia nuestras ofensas desaparecen «como una gota de agua arrojada en un brasero ardiente». Hoy, si te sorprendes cayendo en una falta o en una impaciencia, no te detengas a reprochártelo: confíasela enseguida a Dios con un acto de amor, y vuelve a empezar en paz.
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