El cielo y la tierra no tienen un afecto particular. Consideran a todas las criaturas como al perro de paja (del sacrificio).
El hombre santo no tiene un afecto particular; considera a todo el pueblo como al perro de paja (del sacrificio).
El ser que está entre el cielo y la tierra se parece a un fuelle de fragua que está vacío y no se agota, que se pone en movimiento y produce cada vez más (viento).
Quien habla mucho (del Tao) a menudo acaba reducido al silencio.
Es mejor observar el justo medio.
El hombre santo no tiene un afecto particular; considera a todo el pueblo como al perro de paja (del sacrificio).
El ser que está entre el cielo y la tierra se parece a un fuelle de fragua que está vacío y no se agota, que se pone en movimiento y produce cada vez más (viento).
Quien habla mucho (del Tao) a menudo acaba reducido al silencio.
Es mejor observar el justo medio.