El arpa hace oír una música susurrante; y la danza continúa
sin manos ni pies.
Se toca sin dedos, se escucha sin oídos: pues Él es
el oído y quien escucha.
La puerta está cerrada, pero dentro reina un perfume: y allí nadie ve
el encuentro.
Los sabios lo comprenderán.
sin manos ni pies.
Se toca sin dedos, se escucha sin oídos: pues Él es
el oído y quien escucha.
La puerta está cerrada, pero dentro reina un perfume: y allí nadie ve
el encuentro.
Los sabios lo comprenderán.