El séptimo día no tuvo tarde.
Ahora bien, el séptimo día no tiene tarde ni ocaso, porque Tú lo santificaste para que permanezca eternamente. Y el descanso que tomas después de la obra admirable de Tu reposo nos hace oír, por el oráculo de Tu santa Escritura, que también nosotros, después de cumplir nuestra obra, cuya bondad procede de Tu gracia, debemos descansar en el sábado de la vida eterna.
Ahora bien, el séptimo día no tiene tarde ni ocaso, porque Tú lo santificaste para que permanezca eternamente. Y el descanso que tomas después de la obra admirable de Tu reposo nos hace oír, por el oráculo de Tu santa Escritura, que también nosotros, después de cumplir nuestra obra, cuya bondad procede de Tu gracia, debemos descansar en el sábado de la vida eterna.