Catolicismo

Historia de un alma, parte 1, capítulo 3

Jesús, Tu inefable imagen

eres el astro que guía mis pasos;

Tú lo sabes bien, Tu dulce Rostro

es para mí el cielo aquí abajo.

Mi amor descubre los encantos

de Tus ojos embellecidos por las lágrimas.

Sonrío a través de mis lágrimas

cuando contemplo Tus dolores.

¡Oh, quiero para consolarte

vivir ignorada y solitaria;

Tu belleza, que sabes ocultar,

me descubre todo su misterio,

y quisiera volar hacia Ti!

Tu Faz es mi única patria,

es mi reino de amor;

es mi risueña pradera,

mi dulce sol de cada día;

es el lirio del valle

cuyo misterioso perfume

consuela mi alma desterrada,

le hace gustar la paz de los cielos.

Es mi descanso, mi dulzura

y mi melodiosa lira…

Tu Rostro, ¡oh, mi dulce Salvador!,

es el divino ramo de mirra

que quiero guardar sobre mi corazón.

Tu Faz es mi única riqueza;

no pido nada más.

Escondiéndome sin cesar en Ella,

me pareceré a Ti, ¡Jesús!

Deja en mí la divina huella

de Tus rasgos llenos de dulzura,

y pronto me volveré santa,

¡hacia Ti atraeré los corazones!

Para que pueda recoger

una hermosa cosecha dorada,

¡dígnate abrasarme con Tus fuegos!

Pronto, de Tu boca adorada,

¡dame el beso eterno!

Fuente Thérèse de Lisieux, Histoire d’une âme (1898), fr.wikisource.org — traducción I Choose Peace desde el francés · Índice