Jesús, Tu inefable imagen
eres el astro que guía mis pasos;
Tú lo sabes bien, Tu dulce Rostro
es para mí el cielo aquí abajo.
Mi amor descubre los encantos
de Tus ojos embellecidos por las lágrimas.
Sonrío a través de mis lágrimas
cuando contemplo Tus dolores.
¡Oh, quiero para consolarte
vivir ignorada y solitaria;
Tu belleza, que sabes ocultar,
me descubre todo su misterio,
y quisiera volar hacia Ti!
Tu Faz es mi única patria,
es mi reino de amor;
es mi risueña pradera,
mi dulce sol de cada día;
es el lirio del valle
cuyo misterioso perfume
consuela mi alma desterrada,
le hace gustar la paz de los cielos.
Es mi descanso, mi dulzura
y mi melodiosa lira…
Tu Rostro, ¡oh, mi dulce Salvador!,
es el divino ramo de mirra
que quiero guardar sobre mi corazón.
Tu Faz es mi única riqueza;
no pido nada más.
Escondiéndome sin cesar en Ella,
me pareceré a Ti, ¡Jesús!
Deja en mí la divina huella
de Tus rasgos llenos de dulzura,
y pronto me volveré santa,
¡hacia Ti atraeré los corazones!
Para que pueda recoger
una hermosa cosecha dorada,
¡dígnate abrasarme con Tus fuegos!
Pronto, de Tu boca adorada,
¡dame el beso eterno!
eres el astro que guía mis pasos;
Tú lo sabes bien, Tu dulce Rostro
es para mí el cielo aquí abajo.
Mi amor descubre los encantos
de Tus ojos embellecidos por las lágrimas.
Sonrío a través de mis lágrimas
cuando contemplo Tus dolores.
¡Oh, quiero para consolarte
vivir ignorada y solitaria;
Tu belleza, que sabes ocultar,
me descubre todo su misterio,
y quisiera volar hacia Ti!
Tu Faz es mi única patria,
es mi reino de amor;
es mi risueña pradera,
mi dulce sol de cada día;
es el lirio del valle
cuyo misterioso perfume
consuela mi alma desterrada,
le hace gustar la paz de los cielos.
Es mi descanso, mi dulzura
y mi melodiosa lira…
Tu Rostro, ¡oh, mi dulce Salvador!,
es el divino ramo de mirra
que quiero guardar sobre mi corazón.
Tu Faz es mi única riqueza;
no pido nada más.
Escondiéndome sin cesar en Ella,
me pareceré a Ti, ¡Jesús!
Deja en mí la divina huella
de Tus rasgos llenos de dulzura,
y pronto me volveré santa,
¡hacia Ti atraeré los corazones!
Para que pueda recoger
una hermosa cosecha dorada,
¡dígnate abrasarme con Tus fuegos!
Pronto, de Tu boca adorada,
¡dame el beso eterno!