Catolicismo

Mateo, capítulo 20

1. Acercándose á Jerusalem, luego que llegaron á la vista de Bethphage, al pié del Monte de los olivos , despachó Jesus á dos discípulos,
2. diciéndoles: Id á esa aldea, que se vé en frente de vosotros, y sin mas diligencia encontraréis una asna atada, y su pollino con ella: desatadlos, y traédmelos:
3. que si alguno os dijere algo, respondedle que los ha menester el Señor; y al punto os los dejará llevar.
4. Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que dijo el Profeta :
5. Decid á la hija de Sion: Mira que viene á tí tu rey lleno de mansedumbre, sentado sobre una asna y su pollino, hijo de la que esta acostumbrada al yugo.
6. Idos los discípulos, hicieron lo que Jesus les mandó,
7. y trajeron el asna, y el pollino; y los aparejaron con sus vestidos, y le hicieron sentar encima .
8. Y una gran muchedumbre de gentes tendian por el camino sus vestidos; otros cortaban ramos ú hojas de los árboles, y los ponian por donde habia de pasar;
9. y tanto las gentes que iban delante, como las que venian detras, clamaban, diciendo: Hosanna, salud y gloria al hijo de David: bendito sea el que viene en nombre del Señor: hosanna en lo mas alto de los cielos.
10. Entrado que hubo así en Jerusalem, se conmovió toda la ciudad, diciendo muchos: ¿Quién es este?
11. A lo que respondian las gentes: Este es Jesus, el Profeta de Nazareth de Galilea.
12. Habiendo entrado Jesus en el Templo de Dios , echó fuera de Él á todos los que vendian allí y compraban; y derribó las mesas de los banqueros ó cambiantes, y las sillas de los que vendian las palomas para los sacrificios;
13. y les dijo: Escrito está : Mí casa será llamada casa de oracion; mas vosotros la teneis hecha una cueva de ladrones.
14. Al mismo tiempo se llegaron á Él en el Templo varios ciegos y cojos; y los curó.
15. Pero los príncipes de los sacerdotes y los Escribas, al ver las maravillas que hacia, y á los niños que le aclamaban en el Templo, diciendo: Hosanna al Hijo de David; se índignaron,
17. Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad á Bethania, y se quedó allí.
18. La mañana siguiente, volviendo á la ciudad, tuvo hambre.
19. Y viendo una higuera junto al camino, se acerco á ella; en la cual no hallando sino solamente hojas, la dijo: Nunca jamás nazca de tí fruto. Y la higuera quedó luego seca .
20. Lo que viendo los discípulos, se maravillaron, y decian: ¿Cómo se ha secado en un instante?
21. Y respondiendo Jesus, les dijo: En verdad os digo, que si teneis fé, y no andais vacilando, no solamente haréis esto de la higuera, sino que aun cuando digais á ese monte: Arráncate, y arrójate al mar; así lo hará.
22. Y todo cuanto pidiéreis en la oracion, como tengais fé, lo alcanzaréis.
23. Llegado al Templo, se acercaron á él, cuando estaba ya enseñando, los príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos ó senadores del pueblo, y le preguntaron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quien te ha dado tal potestad?
24. Respondióles Jesus: Yo tambien quiero haceros una pregunta; y si me respondeis á ella, os diré luego con qué autoridad hago estas cosas.
26. Si respondemos, del cielo, nos dirá: ¿Pues por qué no habeis creido en Él? Si respondemos, de los hombres, tenemos que temer al pueblo; porque todos miraban á Juan como un Profeta.
27. Por tanto contestaron á Jesus, diciendo: No lo sabemos. Replicóles él en seguida: Pues ni yo tampoco os diré a vosotros con qué autoridad hago estas cosas.
28. ¿Y qué os parece de lo que voy á decir? Un hombre tenia dos hijos, y llamando al primero, le dijo: Hijo, vé hoy á trabajar en mi viña.
29. Y él respondió: No quiero. Pero despues, arrepentido fue.
30. Llamando al segundo, le dijo lo mismo, y aunque él respondió: Voy, Señor; no fue:
31. ¿cuál de los dos hizo la voluntad del padre? El primero, dijeron ellos. Y Jesus prosiguió: En verdad os digo, que los publicanos, y las rameras os precederán y entrarán en el reino de Dios.
32. Por cuanto vino Juan á vosotros por las sendas de la justicia, y no le creísteis; al mismo tiempo que los publicanos y las rameras le creyeron: mas vosotros, ni con ver esto, os movísteis despues á penitencia para creer en él.
33. Escuchad otra parábola: Érase un padre de familias, que plantó una viña, y la cercó de vallado, y cavando hizo en ella un lagar, edificó una torre, arrendóla despues á ciertos labradores, y se ausentó á un pais lejano.
34. Venida ya la sazon de los frutos, envió sus criados á los renteros, para que percibiesen el fruto de ella.

Fuente La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat (1836), es.wikisource.org · Índice